ÍNDICE POLÍTICO/ LATITUD MEGALÓPOLIS/CEPROVYSA
POR FRANCISCO RODRÍGUEZ
*La falsa “verdad histórica”
Una mentira monumental y un montaje gigantesco
inevitablemente termina en un colapso. Y eso es lo que, tras doce años, ha
sucedido con la “verdad histórica”.
Dos sexenios llevamos ya escuchando la misma versión de
la “desaparición” de los 43 jóvenes estudiantes de la escuela Normal de
Ayotzinapa –Alejandro Encinas llegó a la misma falsa conclusión en el primer
periodo gubernamental de AMLO, originalmente presentada por el peñista Jesús
Murillo Karam–, y los militares y marinos que participaron en el montaje para
ocultar la participación de elementos del 27 Batallón de Infantería durante esa
noche trágica en Iguala finalmente han sido identificados.
Las secretarías de la Defensa Nacional y Marina Armada de
México enviaron elementos para preparar el montaje en el que se fundamentara
esa falsa realidad, tal y como se puede leer en el reportaje de WIRED en
Español distribuido la víspera de este 26 de septiembre, titulado Operación
Apetlanca: los documentos inéditos sobre la “verdad histórica” de Ayotzinapa:
“El operativo coordinado entre ambas dependencias estuvo
liderado por un vicealmirante de Marina identificado como Juan Ortega Siu y
contó con la presencia de al menos 60 elementos de la Armada de México. En
este, además, tomó parte el general Alejandro Saavedra Hernández, comandante de
la 35 Zona Militar de la IX Región, con sede en Chilpancingo, y otro oficial.
Documentos inéditos en poder de WIRED en Español, que fueron elaborados por la
Secretaría de la Defensa, prueban que la oficina del entonces titular, Salvador
Cienfuegos, así como otros altos mandos de la jerarquía castrense, estuvieron
informados de los detalles del operativo.”
Apunta que al menos cuatro personas fueron arrestadas en
la “Operación Apetlanca”, llevada a cabo oficialmente el 27 de octubre de 2014,
un mes después de las “desapariciones”, en diferentes municipios de Guerrero.
Todos los detenidos denunciaron tortura. Sus declaraciones formaron parte de la
historia de que los cuerpos de los estudiantes fueron quemados en el basurero
de Cocula y dispersados en el río San Juan después de haber sido asesinados, lo
que se denominó la “verdad histórica”. De hecho, el informe del Grupo
Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) en febrero de 2022 afirmó
que esta operación fue una parte esencial para que Enrique Peña Nieto
justificara la desaparición de los 43 estudiantes normalistas.
Marinos y soldados “peinaron” varios de los municipios
cercanos a Iguala. Practicaron detenciones. Torturaron a los detenidos, entre
varios más a Agustín El Chereje García Reyes y cómo este falso testigo –después
de ser torturado dijo lo que convenía a la Federación–, acompañado de Tomás
Zerón, quien fuera comisionado de la Agencia de Investigación Criminal de la
entonces PGR, estuvo presente en el “hallazgo” de restos mortales en el
basurero de Cocula, “sembrados” un par de días antes por un contingente de
marinos.
“La primera referencia que existe sobre este operativo
era el III Informe del GIEI en el que se indicaba que ‘para la privación de
libertad de Patricio Reyes Landa, Jonathan Osorio Cortez y Darío Morales
Sánchez se realizó́ la ‘Operación Apetlanca’, un operativo de enormes
dimensiones en el que participaron la Policía Federal –cuyo delegado en
Guerrero era Omar García Harfuch–, la SEMAR y la SEDENA al más alto nivel, lo
que evidencia su participación en la construcción de la ‘verdad histórica’ y su
posible responsabilidad en estos hechos, la cual debe ser investigada”.
Catorce puntos que nadie puede desmentir
Aquí lo comentamos usted y yo unos días después de que
sucediera la “desaparición” de 43 alumnos de la Escuela Normal Rural de
Ayotzinapa, en Iguala, perpetrada por fuerzas oficiales –estatales, municipales
y federales–, y coincidimos en catorce cuestiones fundamentales.
Primera. Que la matanza tenía origen en el trasiego del
narcotráfico. Esencialmente, por un cargamento de amapola negra –“chiva”, en el
slang de las fuerzas “del orden” y delincuentes– que se encontraba en un camión
de pasajeros que, supuestamente, los muchachos habían secuestrado para
trasladarse a la conmemoración del 2 de octubre en Ciudad de México.
Segunda. Que al enterarse del “secuestro de ‘la chiva’”,
los capos regionales, en absoluto acuerdo con los “guardianes del orden”,
desconcertados por lo que pensaron que era robo, decidieron verlos como
enemigos y liquidarlos.
Tercera. Que el eslabón de la cadena de mando había sido
el secretario de seguridad de Iguala, hoy todavía desaparecido en extrañas
condiciones –se cree que fue eliminado o “abatido”, ahora en el slang de las
autoridades sin autoridad–, dependiente de José Luis Abarca y su esposa, hoy
detenidos sin haber declarado una tilde ni un punto, mucho menos una jota,
junto con 200 “sospechosos e implicados”.
Cuarta. Que el asunto fue del amplio conocimiento del
“gobernador” de Guerrero Ángel Heladio Aguirre, quien tras doce años de
impunidad fue finalmente detenido, acusado de ordenar que videos de los
trágicos sucesos fueran borrados, y a quien en aquel momento aceptaron su
renuncia, sin haberlo implicado entonces en los hechos, de los que no hay duda
fue corresponsable.
Quinta. Que las autoridades de la PGR, al mando del
“cansado” Jesús Murillo Karam, jamás fueron capaces de armar un solo expediente
de averiguación por incompetencia manifiesta, lo que resultaba altamente
sospechoso.
Sexta. Que la “verdad histórica” de Murillo sobre la
incineración de los cuerpos en el tiradero de basura de Cocula, era sólo una
distracción para ganar tiempo, toda vez que era material y físicamente
imposible no dejar una sola huella de algo que se hubiera convertido en un
desastre forestal.
Séptima. Que los restos de los cuerpos enviados al
laboratorio de Innsbruck, Austria, para realizar las pruebas de ADN era
material insuficiente para un estudio serio de los posibles cadáveres, cuyos
cuerpos en vida posiblemente hubieran sido echados al mar o incinerados en
otros hornos “especiales”.
Nadie hizo caso. Todos se hicieron de la “vista gorda”
Octava. Que en el trasiego de amapola negra, por su valor
y cuantía, estaban involucrados los grandes carteles y capos mafiosos
estadounidenses que tomaban a los capos regionales de La Montaña y Tierra
Caliente de Guerrero, como simples operadores, sin derecho a voz ni a voto.
Novena. Que los aparatos gubernamentales, helicópteros y
aviones del Estado y de algunos funcionarios federales, estaban al servicio de
ese negocio, que dejaba –antes de “calentarse la plaza”–, varios miles de
millones de dólares al mes.
Décima. Que la apatía del gobierno federal, consistente
en abstenerse de intervenir en lo que llamaron “un asunto local”, iba a prender
la mecha, hasta lograr que el caso se convirtiera en un delito de lesa
humanidad, atribuible por todas las Cortes del mundo al gobierno mexicano.
Decimoprimero. Que Peña Nieto debía cancelar su gira de
negocios a China para hacer frente a una situación que estaba a punto de
estallar. Cuando se dignó a hacerlo, sólo regó el tepache y complicó más el
enredo.
Decimosegunda. Que los participantes en la tragedia,
víctimas y victimarios, formaban parte de la misma operación, pues desde
tiempos ancestrales se sabía que en La Montaña de Guerrero, los normalistas de
Ayotzinapa habían convivido con los “burros” del trasiego, orillados por el
desamparo y la miseria en la que aún viven.
Decimotercera. Que era necesario aplicar la ley hasta sus
últimas consecuencias, so pena de verse rebasado, hasta que el macabro crimen
se convirtiera en la tragedia sexenal, que marcaría para siempre el sexenio de
Peña Nieto. Hoy ya es transexenal y mancha al reinecito de Cuarta… con la
“pareja presidencial” López Obrador – Claudia Sheinbaum a la cabeza.
Decimocuarta. Que la aprehensión de los esposos Abarca se
convirtió en una necesidad de Estado, para poder tapar el sol con un dedo y
hasta montaron una escenografía televisiva –tipo García Luna, “el policía de
titanio”, jejeje–, para que todos “desquitaran la chuleta”. Hasta Montecito
Rubido quedó bien parado.
Nadie hizo caso. Todos se hicieron de la “vista gorda” o
que “la virgen les hablaba”. Y lo que tenía que pasar, pasó. Dejaron madurar
el asunto, hasta que se convirtió en una papa caliente que ya nadie pudo
cachar… porque la “verdad histórica” se erigió sobre falsedades, montajes y
mentiras.
Y así seguirá…
Indicios
Todo el contenido del Informe de expertos del GIEI, se
centra en desmentir a Murillo Karam y en aseverar que era imposible la
cremación de los cadáveres en el tiradero de Cocula. ¿Para llegar a esa
conclusión tanto tiempo, tanto dinero y tanta alharaca? Ya lo sabíamos y ya lo
comprobamos. Lo que pasa es que ese documento parece haber sido hecho con el
propósito de exonerar a los verdaderos responsables, y lo peor, a poner en
bandeja la respuesta “oficial”. Ya no hay quién se salve. Ni al grito de ¡sálvese
quien pueda! hay quien pueda tirar ni los botes, ni los salvavidas. No hay en
quien puedan confiar los que insisten en esclarecer el asunto. Una vergüenza
nacional ante el mundo civilizado, que a no dudarlo, compara a México con los
campos de cadáveres de cualquier país macabro del mundo, de cualquier régimen
totalitario y autista que se quiera recordar. * * * Por hoy es todo. Agradezco
que haya usted leído este Índice Político y, como siempre, le deseo ¡buenas
gracias y muchos, muchos días!{

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