La amenaza “útil” de Gorzilla a Terminator
POR DULCE MA. SAURI RIANCHO OPINIÓN/SEMLAC/CEPROVYSA
Yucatán, México (SEMlac).- En 1954, un monstruo
gigantesco emergió del mar para aterrorizar a Japón. Godzilla había sido
despertado y transformado por las pruebas nucleares. La metáfora difícilmente
podía pasar inadvertida para los japoneses.
Habían transcurrido apenas nueve años desde Hiroshima y
Nagasaki y, pocos meses antes del estreno de la película, los 23 tripulantes
del pesquero Daigo Fukuryū Maru habían sido contaminados por la lluvia
radiactiva de la prueba termonuclear estadounidense Castle Bravo. Cuando
Godzilla salió del mar, los japoneses sabían perfectamente qué lo había
despertado.
Godzilla hizo algo que difícilmente habría conseguido un
informe científico. Le puso cuerpo al miedo nuclear.
Sesenta y un años después, otra película imaginó un
monstruo diferente. No salía del mar. Estaba dentro de las computadoras.
La primera película de la serie Terminator se estrenó en
1984. Le siguieron otras cinco, la última en 2019.
En el primer relato de 1984, Skynet era una inteligencia
artificial creada para controlar la defensa militar. Las máquinas se rebelaban
contra sus creadores y un robot asesino era enviado al pasado para matar a
Sarah Connor antes de que pudiera dar a luz al futuro líder de la resistencia humana.
Treinta y un años después, en 2015, la quinta película,
Terminator Génesis, modificó significativamente la amenaza. La película
comienza con una imagen difícil de olvidar.
Se abren los silos. Emergen los misiles nucleares. Las
ojivas atraviesan el cielo. Desde la ventanilla de un avión, un niño observa
los destellos en el horizonte.
Skynet, nos explica la película, había sido creado para
automatizar la defensa de misiles. Debía protegernos. Pero se volvió
autoconsciente, concluyó que los seres humanos representaban una amenaza y
utilizó nuestras propias armas contra nosotros.
Tres mil millones de personas murieron. Los
sobrevivientes lo llamaron el “Día del Juicio Final”.
La imagen resulta particularmente poderosa porque las
máquinas no tuvieron que fabricar las armas con las que destruyeron a la
humanidad. Nosotros ya las habíamos construido. Sólo necesitaron hacerse de su
control.
Godzilla y la bomba atómica
La energía nuclear recorrió un camino muy distinto. La
investigación sobre el átomo prometía medicina, conocimientos científicos y,
posteriormente, producción de electricidad. Pero la Segunda Guerra Mundial
aceleró otra aplicación.
Hiroshima y Nagasaki hicieron innecesario imaginar el
peligro. La humanidad lo vio y Japón lo sufrió.
Durante las décadas siguientes, la posibilidad de una
guerra nuclear penetró profundamente en la vida cotidiana. Los escolares
estadounidenses aprendieron a protegerse mediante los ejercicios de “agacharse
y cubrirse”. El gobierno identificó edificios que podían servir como refugios y
los marcó con aquellas señales amarillas y negras que se convirtieron en
símbolos de la Guerra Fría. John F. Kennedy llegó a dirigirse personalmente a
los estadounidenses para explicarles cómo proteger a sus familias.
Los búnkeres particulares nunca fueron tan numerosos como
sugirió la imaginación popular. Para 1965 había aproximadamente 200.000
refugios privados: uno por cada 266 hogares estadounidenses. Pero el dato quizá
demuestra algo más interesante: no todos construyeron un refugio, pero tod@s
sabían para qué servía.
El peligro nuclear se había convertido en experiencia
social. Godzilla era su monstruo.
Domesticar a Godzilla
Después ocurrió algo extraordinario. Las bombas no
desaparecieron, pero el miedo cotidiano comenzó a desvanecerse. Los tratados
limitaron las pruebas nucleares y la proliferación. Se creó el Organismo
Internacional de Energía Atómica. Estados Unidos y la Unión Soviética
desarrollaron mecanismos para administrar una paradoja aterradora llamada
Destrucción Mutua Asegurada (MAD): ninguno podía atacar al otro sin saber que
también sería destruido.
Al mismo tiempo, la otra cara del átomo comenzó a hacerse
familiar. Reactores nucleares producían electricidad. Radioisótopos servían
para diagnosticar enfermedades. La radioterapia combatía el cáncer. Parecía que
habíamos domesticado aquella fuerza.
Three Mile Island, en 1979, hizo retroceder fuertemente
la aceptación de la energía nuclear en Estados Unidos. Chernobil, en 1986,
volvió a convertir en miedo aquello que comenzaba a parecernos controlado.
Fukushima lo recordó nuevamente en 2011.
Pero cada crisis pasó. La desaparición de la Unión
Soviética alejó aún más la sensación de que una guerra nuclear podía comenzar
cualquier mañana.
El monstruo seguía encerrado. Nos acostumbramos a vivir
junto a su jaula.
Terminator
Y aquí volvemos a 2015. Terminator Génesis introduce un
cambio mucho más interesante que sus viajes por el tiempo.
Skynet encuentra otra manera de nacer. Ahora se llama
Genisys. Es un sistema operativo que promete conectar gratuitamente teléfonos,
computadoras, automóviles, servicios y redes. Millones de personas esperan
ansiosas su lanzamiento. Nadie las obliga. Quieren conectarse.
Uno de los personajes formula la revelación que organiza
toda la película: “Genisys es Skynet”. La amenaza ya no consiste solamente en
una supercomputadora militar que adquiere el control de los misiles. Consiste
en una inteligencia que entra en nuestras vidas porque nos resulta útil y fácil
dejarla entrar.
Ahí está la enorme diferencia entre nuestros dos
monstruos. Godzilla nace de una explosión. Genisys nace de una conexión.
El monstruo que queremos utilizar
La Inteligencia Artificial (IA) está recorriendo hasta
ahora el camino inverso al de la energía nuclear. La sociedad conoció primero
la bomba atómica y sus efectos devastadores. Después aprendió a aprovechar
pacíficamente el átomo.
Con la IA estamos conociendo primero la utilidad.
Traduce. Diagnostica. Investiga. Programa. Procesa cantidades extraordinarias
de información. Ayuda a aprender. Aumenta productividad. Conversamos con ella.
No necesitamos que alguien nos obligue a utilizarla.
Queremos hacerlo. Y cada vez le confiamos más tareas. La secuencia podría ser:
utilidad-adopción-dependencia-integración-delegación.
¿Y después?
No lo sabemos.
Conviene evitar una comparación fácil. La inteligencia
artificial no ha producido nada remotamente semejante a Hiroshima. Sus riesgos
conocidos son distintos y los escenarios verdaderamente catastróficos
permanecen en el terreno de la anticipación.
Pero ahí reside precisamente nuestra ventaja.
La humanidad comenzó a gobernar internacionalmente la
energía nuclear después de conocer su capacidad de destrucción.
Con la Inteligencia Artificial podemos hacerlo antes.
El problema es que resulta mucho más difícil temer
colectivamente a una catástrofe que todavía no ha ocurrido. El reto es
imaginarla.
Godzilla no enseñó física nuclear. Terminator tampoco
enseña inteligencia artificial.
El cine hace otra cosa. Nos permite imaginar.
Godzilla apareció cuando Japón ya conocía Hiroshima,
Nagasaki y la lluvia radiactiva.
Terminator Génesis intenta que contemplemos las ojivas
antes de que Skynet exista. Ésa es la diferencia.
Godzilla convirtió en monstruo a una catástrofe que ya
había ocurrido. Terminator intenta imaginar al monstruo para impedir que
ocurra. Tal vez debamos aprovechar esa ventaja.
La pregunta no es si necesitaremos algún día un Hiroshima
de la Inteligencia Artificial para comprender sus riesgos. Es exactamente la
contraria: ¿seremos capaces de comprenderlos a tiempo para no necesitar la
tragedia de la humanidad?
*La autora es licenciada en Sociología con doctorado en
Historia. Exgobernadora de Yucatán.

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