Somos como leemos
Pbro. JORGE AMANDO VÁZQUEZ RODRÍGUEZ
(CEPROVYSA) Los datos con contundentes y son datos duros,
sin maquillaje: cada vez nos cuesta más concentrarnos y es costoso lo que hasta
hace poco era lo más frecuente, me refiero al arte de pensar.
Aunque nos cueste admitirlo hay que darle la razón a
Nicholas Carr se preguntaba si Google nos está haciendo estúpidos, o, al menos,
superficiales. Carr constata en carne propia que cada vez le cuesta más leer un
libro o un artículo largo. Cuando antes los devoraba, le resulta difícil
concentrarse y acaba navegando a través de distintos trabajos, sin entrar a
fondo en ninguno de ellos.
Y como una forma distinta de leer acuña una forma
diferente de pensar, parece tener razón la psicóloga Maryanne Wolf al decir que
somos como leemos, que la lectura profunda es indistinguible del pensamiento
profundo; con lo cual nos estamos condenando a la superficialidad, sino a la
estupidez. Desde el 2016: si la democracia puede sobrevivir a internet. Cuando
las claves de las campañas electorales a través de las redes son la
polarización, la viralidad y los discursos de odio, se apela a las emociones,
los intereses y el miedo.
Estas apreciaciones cobran cada vez más vida en la gente
que conocemos o podemos observar a nuestro alrededor.
LAS REDES SOCIALES
El argumente es claro y contundente: las redes sociales
son gratuitas por lo tanto, el producto somos nosotros mismos, o dicho en
lenguaje llano: nos estamos vendiendo al mejor postor sin recibir absolutamente
nada a cambio: vendemos nuestros vida privada para ser expuesta al escarnio del
juicio popular, y sin ninguna consideración esperamos las reacciones de quien
sin conocernos hacen un juicio, normalmente sin sentido sobre lo que exponemos
a su consideración.
Entenderlo claramente las redes sociales obedecen a la
infraestructura de un capitalismo.
Las personas ahora son medios para el comercio o para el
poder político.
Escuela de Fráncfort, Horkheimer y Adorno: en el mundo de
las plataformas, los seres humanos se convierten en instrumentos en manos del
mercado o del Estado y de nuevo, la técnica se convierte en ideología, por
decir con Habermas. Y como es propio de la ideología, sus usuarios no son
conscientes de ello.
No sólo se trata de extraer datos creando adictos, sino
también de intentar modificar conductas, así las máquinas quedan en manos de
las máquinas inteligentes.
“LA TRAMPA DE LA POBREZA CULTURAL”
Las gentes con poder adquisitivo se cuidan de dar a sus
hijos una educación personalizada, que exige esfuerzo, competencias
lingüísticas y culturales de todo tipo para que estén bien preparados, mientras
en la educación pública, a menudo, en vez de pertrechar de una preparación
semejante al alumnado, se dan todo tipo de facilidades para que vaya obteniendo
los diplomas sin esfuerzo alguno. Es éste un proceder claramente demagógico,
que refuerza lo que convendría llamar “la trampa de la pobreza cultural”, porque
es un callejón sin salida. No ayuda a formar en la excelencia, sino en la
mediocridad.
TAREAS
Lo que han hecho los seres humanos deben poder
modificarlo los seres humanos. Apelar entonces a que la opinión pública se
oponga y exija reformas legislativas para:
• 1. Preservar la interioridad de las personas,
• 2. los lazos privados de amistad
• 3. Y los vínculos públicos.
¿Cómo educar en la autonomía personal y en la capacidad
crítica desde un sistema extractivo, predictivo y modificador de las conductas,
que se están aplicando a través de una tecnoeducación puesta en manos del
mercado o del Estado?
La apuesta es trascender el ámbito instrumental. Es la
racionalidad comunicativa, por la que los seres humanos nos reconocemos
mutuamente como interlocutores válidos, llamados a decidir conjuntamente sobre
nuestra vida compartida, porque somos en diálogo.
No tenemos por qué resignarnos a vivir como individuos
aislados, unidos por la pura conectividad, en un mundo de plataformas que nos
tienen en sus manos.
Tampoco hay razón para conformarse con “pensar en
colmenas”
Tenemos, por el contrario, la oportunidad de asumir la
responsabilidad por nuestro mundo como personas autónomas, estrechamente
vinculadas por lazos de solidaridad, que no están dispuestas a dejarse
avasallar ni tampoco a permitir que haya excluidos desde esa lacra que es la
aporofobia.
Personas que quieren utilizar cualesquiera instrumentos,
también los sistemas inteligentes, para estrechar la intersubjetividad entre
los seres humanos y cuidar de la naturaleza. Para lograrlo es preciso: Educar
en esa unión de corazón y razón, o dicho en otras palabras “razón cordial”.
La tarea por consiguiente es superar la conectividad y
regresar a la relación personal, rostro a rostro, lenguaje a lenguaje real,
conociendo, si no es posible de primera mano las circunstancias, si por lo
menos el entorno donde se desenvuelven las personas que nos interesan,
especialmente si se trata de nuestra propia familia.
La aporofobia es un concepto muy extendido en la
actualidad pues se refiere a rechazar al pobre por ser pobre y el cerebro en sí
es aporófobo, así que tenemos que educarlo para que acepte a las demás personas
en orden a un enriquecimiento mutuo de los seres humanos y esto se ha
convertido en una necesidad ética de primer orden de importancia.
(Cfr. Adela CORTINA, ¿Ética o ideología de la
inteligencia artificial? El eclipse de la razón comunicativa en una sociedad
tecnologizada, PAIDÓS, Valencia 2024, 247pp)

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